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Volver al blogAdolescente conversando con una inteligencia artificial sobre sus emociones

¿Por qué cada vez más adolescentes prefieren hablar con ChatGPT antes que con otras personas?

Publicado por Inés Piñeira Targhetta

Cuando la inteligencia artificial se convierte en confidente

Tu hijo adolescente llega a casa, deja la mochila en el suelo y se encierra en su habitación. Apenas ha hablado en todo el día. Más tarde, mientras tú piensas que está viendo vídeos o jugando, abre ChatGPT y escribe: “Hoy en clase me he sentido completamente fuera de lugar. Siento que nadie me entiende y no sé si el problema soy yo.”

Descubrir que un adolescente comparte sus emociones con una inteligencia artificial puede despertar preocupación, desconcierto e incluso cierta sensación de rechazo. ¿Por qué puede contárselo a una máquina y no a mí? ¿Por qué no se lo dice a sus amigos?

Quizá la pregunta que más puede ayudarnos sea otra: ¿qué encuentra en esa conversación que todavía le cuesta encontrar en las conversaciones con los demás? No para competir con la inteligencia artificial ni para culpabilizarnos como adultos, sino para comprender qué necesidad está intentando cubrir.

Un nuevo espacio para la confidencia

La IA ya forma parte de la vida cotidiana de muchos adolescentes. La utilizan para estudiar, resolver dudas o entretenerse, pero también para ordenar lo que sienten, pedir consejo o expresar pensamientos que no se atreven a compartir.

Es normal que un adolescente no se lo cuente todo a sus padres. Durante esta etapa necesita intimidad, autonomía y su propio espacio. Tradicionalmente, gran parte de esa intimidad se trasladaba al grupo de amigos: eran ellos quienes escuchaban las inseguridades, los enamoramientos, los conflictos familiares o la sensación de no encajar.

Lo novedoso no es que los adolescentes dejen de contar determinadas cosas en casa, sino que parte de lo que antes compartían principalmente con sus iguales empieza a trasladarse a una inteligencia artificial. En vez de reconocer ante un compañero que se sienten solos, pueden hacerlo en una conversación inmediata, aparentemente privada y sin riesgo de rechazo. La IA está entrando en un espacio que hasta ahora pertenecía, sobre todo, a las relaciones humanas: el lugar de la confidencia.

¿Qué encuentran en la IA?

Hablar con otra persona implica exponerse a una reacción que no podemos controlar. La otra persona puede preocuparse, enfadarse o hacer demasiadas preguntas. Incluso una respuesta bienintencionada puede hacer que el adolescente se sienta observado o demasiado vulnerable.

La inteligencia artificial elimina, al menos aparentemente, parte de esa incomodidad. Está disponible a cualquier hora. No muestra sorpresa ni decepción. Permite borrar, reformular o abandonar la conversación. Tampoco obliga a sostener la mirada de alguien mientras se dice algo que produce vergüenza.

Un adolescente puede recurrir a ella para poner palabras a lo que siente, comprobar si su reacción tiene sentido, preparar una conversación difícil o recibir una respuesta inmediata durante un momento de soledad.

La forma en la que utiliza la IA puede ofrecernos una información valiosa: puede mostrarnos algo sobre lo que necesita, lo que teme y lo que todavía no sabe cómo pedirnos.

Quizá no teme hablar con sus padres. Tal vez anticipa una charla demasiado larga, una solución que no ha pedido o la retirada inmediata del móvil. También puede necesitar probar primero sus palabras en un espacio que percibe como menos comprometido.

Sentirse escuchado no siempre significa sentirse comprendido

Un chatbot puede generar una respuesta cálida y aparentemente empática, pero no siente preocupación, cariño ni responsabilidad hacia quien le escribe. Tampoco conoce toda la historia del adolescente ni observa lo que sucede fuera de la pantalla. Puede responder a un mensaje, pero no ve que lleva semanas durmiendo mal, que ha dejado de quedar con sus amigos o que cada vez le cuesta más ir al instituto.

Además, una respuesta convincente también puede ser incorrecta. La IA puede malinterpretar una situación, reforzar una conclusión precipitada o validar un autodiagnóstico sin disponer de toda la información.

Por eso, el objetivo no debería ser convencer a los adolescentes de que la IA es necesariamente mala, sino enseñarles a distinguir entre una herramienta que puede orientar y una relación humana capaz de conocerles, cuidarles y hacerse responsable.

¿Puede utilizarse de una forma positiva?

Demonizar la IA probablemente solo consiga que su uso sea más secreto. Utilizada con criterio, puede ayudar a organizar pensamientos, encontrar palabras para describir una emoción, preparar preguntas para un profesional o ensayar una conversación.

Un adolescente podría escribir: “Ayúdame a ordenar lo que quiero decirle a mi madre. No quiero que piense que es culpa suya, pero últimamente me siento muy sobrepasado.” En este caso, la IA estaría funcionando como un puente hacia la conversación humana.

La preocupación aparece cuando deja de ser un puente y comienza a sustituir de forma estable a los amigos, la familia o los profesionales.

¿Cuándo debemos prestar atención?

Más que contar cuántas veces utiliza ChatGPT, conviene observar qué función está cumpliendo en su vida. Puede resultar preocupante cuando la IA se convierte en su única forma de expresar emociones, deja de acudir a personas de confianza, se aísla progresivamente o utiliza sus respuestas para confirmar diagnósticos y tomar decisiones.

También debemos prestar atención cuando aparecen cambios importantes en el sueño, el rendimiento, el apetito o el estado de ánimo, o las conversaciones giran alrededor de la autolesión, el suicidio, el abuso, la violencia o los trastornos de alimentación.

La pregunta relevante no es solamente “¿cuánto utiliza ChatGPT?”, sino “¿qué está intentando regular a través de él y qué relaciones está empezando a sustituir?”.

Cómo hablar del tema sin provocar que lo esconda

Descubrir que un hijo ha compartido aspectos íntimos con una IA puede activar el impulso de leer sus conversaciones o prohibirle inmediatamente la aplicación. Es comprensible querer protegerle. Sin embargo, una respuesta centrada únicamente en el control puede enseñarle que, la próxima vez, debe ocultarlo mejor.

La primera conversación no tiene que resolverlo todo. Puede tener como único objetivo comprender. En lugar de comenzar con “¿qué le has contado? Enséñame las conversaciones”, podemos probar con: “He leído que muchos adolescentes utilizan la IA para hablar o pensar sobre cosas personales. Me gustaría entender para qué la utilizas tú.”

También podemos preguntar qué le resulta útil o si alguna respuesta le ha confundido. Y, sobre todo: “¿Qué podría hacer yo para que te resultara un poco más fácil contarme algunas cosas?”.

Quizá nuestro hijo nos diga que hacemos demasiadas preguntas, que nos preocupamos muy rápido o que damos soluciones cuando solo quiere ser escuchado. Escucharlo no significa renunciar a poner límites. Significa utilizar esa información para que acercarse a nosotros resulte emocionalmente más seguro.

A veces, la respuesta más reparadora no es “deberías habérmelo contado primero”, sino: “Me alegra que encontraras una manera de expresar lo que te pasaba. Me gustaría que también supieras que puedes contar conmigo.”

Acompañar no significa vigilarlo todo

Los adolescentes necesitan intimidad. Pretender conocer cada pensamiento puede dañar precisamente la confianza que queremos fortalecer.

El objetivo del parenting digital no debería ser saberlo todo, sino ayudarles a reconocer cuándo una preocupación necesita salir de la pantalla y llegar a una persona. Podemos transmitirles una idea sencilla: no necesito leer todas tus conversaciones, pero sí quiero que sepas que hay cosas que no tienes que afrontar solo.

La IA puede estar disponible las veinticuatro horas, pero los adolescentes no necesitan padres que funcionen como máquinas siempre accesibles y perfectamente calmadas. Necesitan adultos suficientemente disponibles, capaces de escuchar antes de corregir y de sostener una conversación difícil sin convertirla inmediatamente en un interrogatorio, un castigo o una catástrofe.

¿Cuándo puede ayudar la terapia?

Puede ser recomendable consultar cuando el adolescente se muestra cada vez más aislado, pierde interés por sus relaciones, presenta cambios persistentes en el sueño o el rendimiento, o la ansiedad, la tristeza y la irritabilidad interfieren en su vida cotidiana.

También cuando la comunicación familiar se ha convertido en una fuente constante de conflicto o la IA ha pasado a ser su principal apoyo emocional. En ocasiones, una familia llega preocupada porque su hijo “habla demasiado con ChatGPT”. Sin embargo, detrás pueden existir miedo a decepcionar, ansiedad social, baja autoestima, aislamiento o una sensación profunda de no sentirse comprendido.

En estos casos, el objetivo de la terapia no es retirar la inteligencia artificial. Es ayudar al adolescente a comprender lo que siente, ampliar sus recursos y recuperar vínculos seguros. También acompañar a los padres para que puedan acercarse sin invadir, manteniendo su papel como adultos protectores.

La IA no tiene por qué convertirse en la enemiga de la familia

La inteligencia artificial seguirá formando parte del mundo en el que crecen los adolescentes. Intentar mantenerlos completamente alejados de ella probablemente no sea realista.

Si un adolescente recurre a la IA para decir algo que todavía no puede expresar en voz alta, esa conversación puede ser una pista sobre lo que le preocupa, lo que le cuesta compartir y la forma en la que necesita ser escuchado.

La pregunta no es cómo conseguir que nuestros hijos dejen de hablar con la inteligencia artificial. La pregunta es cómo construir una relación en la que también puedan hablar con nosotros.

¿Sentís que cada vez resulta más difícil llegar hasta vuestro hijo adolescente?

En Naisei Psicología trabajamos con adolescentes y familias para comprender qué hay detrás del aislamiento, la ansiedad, los conflictos y las dificultades de comunicación.

La terapia ofrece al adolescente un espacio propio en el que ordenar lo que siente sin ser juzgado y ayuda a la familia a recuperar una relación más segura, cercana y respetuosa.

Atendemos en español y en inglés, de manera presencial en Madrid y también online.

Inés Piñeira TarghettaPublicado porInés Piñeira Targhetta